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Esta receta de rosquillas ha viajado de punta a punta de la península. Viene nada menos que desde Cádiz. 1000 y pico kilometrillos de nada. Se trata de una receta familiar de una amiga lectora de este humilde blog de recetas de cocina, que tan amablemente me la ha facilitado para que la tenga, las pruebe y corrobore que realmente están divinas.

 

Antes que estas había hecho otras: rosquillas de leche,  rosquillas patissierrosquillas portugalujasrosquillas dobles. Cada una tiene sus propias características. Estas que os presento ahora quedan mullidas, blanditas, esponjosas a no poder más, ¡Vamos, totalmente recomendables! Bueno, Carmen, ¡va por tí!

 

ROSQUILLAS ESPONJOSAS

 

 

INGREDIENTES:

 

  • 1 kg. de harina de todo uso (no se usará todo)
  • 5 huevos
  • 1 vaso de los de agua (250 ml.) de aceite de oliva suave
  • 1 vaso de los de agua (250 ml.) de azúcar
  • un puñado generoso de anis verde
  • 2 sobres de levadura tipo Royal
  • anís dulce (tipo Marie Brizard, El mono…)

 

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ELABORACIÓN:

 

En primer lugar, se pone el vaso de aceite en una sartén con los granos de anís, se calienta el aceite al fuego y cuando va cogiendo calor, se retira del fuego y se deja que se enfríe totalmente.

 

Aparte, en un bol, se vierten los huevos y se baten bien, una vez que lo tenemos, añadimos el azúcar y continuamos batiendo hasta que esté perfectamente integrado, hasta que monte un poquito.

 

En tercer lugar, añadiremos el aceite que teníamos reservado (ha de estar frío y colado, para quitar los granillos de anís), mezclamos bien y seguidamente echamos parte de la harina que habremos mezclado con los sobres de levadura. En principio, mezclamos como medio kg, de una vez, se mezcla y se va añadiendo harina, según nos lo vaya pidiendo la masa, hasta lograr una masa bastante tierna… se necesitarán unos 800 gr. aproximadamente, pero no se puede asegurar, ya que cada harina absorbe la humedad de manera diferente, los huevos no son todos del mismo tamaño, entonces dependerá un poco de esos factores para que necesitemos añadir más o menos harina.

 

Lo que sí tiene que quedar es una masa bastante tierna, nos mojamos las manos con aceite y si logramos formar una bola, pues ya está, ése es el punto de la masa.

 

Una vez que lo tenemos, formamos bolas de unos 25/30 gr. Las vamos colocando sobre la encimera. Una vez que están todas formadas, se pueden dejar un ratito en reposo o si tenemos prisa, empezar a formar las roscas por las primeras bolas que hemos hecho. Para formarlas, nos embadurnamos las manos con aceite y cogemos dos bolas, las juntamos por la parte que ha estado en contacto con la encimera y hacemos un agujero en el centro.

 

En cazo profundo, calentamos abundante aceite para freirlas, las vamos echando de una en una y con cuidado, al principio irán al fondo, pero enseguida subirán a la superficie. Las freímos teniendo la precaución de que se hagan bien por dentro y no se nos quemen por fuera, para esto habrá que controlar adecuadamente la intensidad del fuego, deberá estar caliente para que se frían, pero no demasiado para que no se quemen por fuera y se queden crudas por dentro.

 

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El punto de calor del aceite es muy importante para lograr unas roscas perfectas, doraditas por fuera, bien hechas por dentro y nada aceitosas.

 

Según se van friendo, se ponen sobre un papel de cocina para eliminar el exceso de aceite e inmediatamente, se pincelan con anís dulce ( para que tome un ligero sabor a anís), también se puede poner anís en un pocillo y meter brevemente la rosquilla en él. Solamente tomará un ligero aroma a anís.

 

Después se pueden pasar por azúcar o dejarlas así. Depende de lo golosos que seamos.

 

*** Quedan unas rosquillas grandes (tamaño donut), son muy tiernas por dentro y con un sabor muy rico. Totalmente recomendables.

 

*** Con estas cantidades salen unas 25 roscas.

 

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