eRumania.

Si escuchamos hablar de Transilvania, enseguida nos viene a la cabeza la imagen del conde Drácula. Pero esto es sólo una pequeña parte de la realidad. Transilvania es ciudades sajonas, pueblos que evocan la época medieval, senderos por los Cárpatos, pistas de esquí, carros de caballos, iglesias fortificadas… hay tantas cosas que la mayoría de las veces los turistas sólo visitan esta región de Rumanía que antiguamente era húngara.

Ciudad de Brasov, Rumania.

Anteriormente estuvimos en Sighisoara, otra ciudad de esta región que da origen a Drácula. De aquí viajamos en tren a Brasov en donde habíamos reservado camas en The Roling Stone Hostel por 9€ la noche. Compartíamos habitación con otros viajeros.
Nada más llegar nos ofrecieron la posibilidad de contratar excursiones. Alguna se nos disparaba de presupuesto o eran muy absurdas: por ejemplo, por unos 9€ te llevaban a una calle de Brasov (no sé cuál) a ver cómo los osos hurgaban en la basura. Por programas de televisión como Callejeros Viajeros o Españoles por el Mundo sabía que por la noche bajaban osos a la ciudad, pero no que fuera un reclamo turístico. Aunque… en el año 2004 los ursus se comieron a dos turistas. Nosotros tomamos una excursión al míticos castillo de Bran y al palacio de Sinaia por unos 20€.  Como éramos siete personas, más dos alemanes locos, nos llevaron en dos furgonetas a hacer la ruta.

Nada más salir del hostal nos topamos con la iglesia de San Nicolás en la plaza Unirii.
También , en donde confluyen la Plaza Unirii y la calle Constatin Brancoveanu y haciendo esquina se encuentra el restaurante que hizo las delicias de nuestros estómagos hambrientos.  Cenamos dos veces aquí: bueno, abundante y barato. Nos costaba escoger los platos porque todos tenían una pinta impresionante –prometo que no me han pagado por decir esto-, ¡qué buena es la gastronomía rumana! De paso aprendimos una tradición de la zona. El camarero nos comentó que es costumbre tomar un chupito de nosequé antes de las comidas. Le hicimos caso pero no tuvimos en cuenta que nosotros éramos más flojos que los rumanos. Sólo unos pocos pudimos ingerir la extrafuerte bebida, y con el estómago vacío para más inri.

Brasov tiene un centro histórico medieval, de suelos empedregados  y rodeado de pequeñas callejuelas e iglesias barrocas.  La plaza Sfatului es realmente bonita. Aquí se puede visitar el Museo de Historia y el antiguo ayuntamiento de Brasov. Cerca de la plaza está la animada calle peatonal Republicii, llena de bares al aire libre, restaurantes, tiendas y mucha gente.

Pero en lo primero que me fijé al llegar a Brasov fue en las montañas que lucen un cartel a estilo de Hollywood.  Dimos un paseo por su ladera y vimos que se podía subir a su cima en teleférico. No nos topamos con ningún oso, no os preocupéis. Desde aquí pudimos observar las fortificaciones que han estado defendiendo la ciudad.
Por último, subimos a la fortaleza de Brasov en lo alto del otro monte (enfrente del de las letras a lo Hollywood).

 Castillo de Peles, en Sinaia. RUMANIA.

El palacio de Sinaia es el primer castillo con calefacción central y electricidad. Ahí es nada. No puedo enseñaros fotografías de su interior porque no me permitieron utilizar la cámara de fotos, a no ser que pagara. Esta práctica me saca de quicio. Puedo entender que esté prohibido hacer fotos porque estropean las pinturas. Pero no veo coherente que sólo se lo admitan a los que suelten dinero. ¿Los flashes pagados son menos dañinos? De todos modos sería una pena que se estropearan los cuadros que pintó la reina Isabel de Rumanía, la mayor responsable de la decoración palaciega.  El castillo, a un cuarto de hora a pie del centro de Sinaia, fue pensado para ser la residencia de verano del monarca más antiguo de Rumania, el rey Carol I. Está construido en un estilo renacentista alemán, tiene estancias arabescas y contiene un teatro en su interior entre otras cosas. Merece la pena verlo.
Durante la época de Ceausescu, el castillo de 160 habitaciones fue utilizado como refugio privado para los líderes de todo el mundo. El presidente de EE.UU. Richard Nixon , Gerald Ford, Moamar Gadafi y  Yaser Arafat estuvieron aquí.

Castillo de Bran. Rumania. eRumania

Como borregos que somos, fuimos al castillo de Bran en un acto del tipo “¿Dónde va Vicente? Donde va la gente”. Bran es la típica visita que hacen los turistas que quieren sentirse en la Transilvania de los vampiros, y poder decir que han estado en el castillo de Drácula. Después no se encuentran una fortaleza tenebrosa con murciélagos merodeando, truenos y banda sonora que hace chan chan chan chaaaaan (seguido de otro trueno); sino que terminan pagando por entrar en un bonito palacio que para nada tiene relación con Vlad Teppes o Drácula, de hecho, este emperador jamás estuvo en el castillo de Bran. Vale, de acuerdo, no me las voy a dar de experta viajera pues nosotros también caímos en la trampa. ¿Entonces por qué se le da tanto bombo relacionándolo con Drácula? Simple, el castillo de Bran ambienta la novela de Bram Stocker y se supone que Drácula, está inspirado en la leyenda de Vlad Tepes, pero nada más; o puede que ni eso, pues Stocker nunca estuvo en Rumanía.

El nombre real del Príncipe de Valaquia que inspiró al escritor Bran Stocker es el de Vlad III El Empalador. Os recomiendo leer la sección “anécdotas” de su página de Wikipedia.
Junto al castillo, un recinto de tiendas de souvenires ocupan un área mayor que este. Éstos son nuestros compañeros de viaje alemanes, que se lo pasaban bien con cualquier cosa… el pozo lleno de dinero de la plaza del castillo era tirando a bastante tentador.

Vlad luchó contra los turcos y tenía bonitas costumbres como introducir palos de 3,5 metros y medio de largo por el abdomen de sus enemigos. Se cree que de esta manera terminó con unas 60 000 personas.

No era muy alto, pero sí corpulento y musculoso. Su apariencia era fría e inspiraba cierto espanto. Tenía la nariz aguileña, fosas nasales dilatadas, un rostro rojizo y delgado y unas pestañas muy largas que daban sombra a unos grandes ojos grises y bien abiertos; las cejas negras y tupidas le daban aspecto amenazador. Llevaba bigote, y sus pómulos sobresalientes hacían que su rostro pareciera aún más enérgico. Una cerviz de toro le ceñía la cabeza, de la que colgaba sobre unas anchas espaldas una ensortijada melena negra.