Vinos / Bebidas alcoholicas de Rumania / eRumania

Vinos / Bebidas alcoholicas de Rumania / eRumania

Desde tiempos remotos, los viñedos existían en todo el territorio rumano. Sus raíces no pudieron ser arrancas ni a raíz de una drástica decisión del rey dacio Burebista con el fin de frenar los deseos de las naciones rapaces, o para tener despierta la vigilancia de sus gentes. Prueba de la existencia de esos viñedos son las antiguas navajas dacias, los tinos, las estrujadoras de uvas, los pocillos, de barro para conservar el vino, así como importantes rituales dedicados a la vendimia y al vino

Y si los vinos Riesling Italiano, Aligote, Cabernet Sauvignon o Merlot se encuentran en cualquier viñedo del mundo, en nuestro país hay algunas variedades autóctonas de gran valor. Al hablar de Moldavia, uno piensa en Cotnari. La leyenda reza que el famoso viñedo de allí fue creado por el vaivoda Esteban el Grande, uno de los más importantes príncipes rumanos, siendo una de las mayores bodegas de Europa en aquel entonces. De aquellos tiempos data una de las más famosas variedades de vinos rumanos, Grasa de Cotnari, que –según escribía el vaivoda-erudito Dimitrie Cantemir- “es más noble y mejor que otros vinos rumanos, e incluso mejor que el Tokay… Tiene un color diferente de otro vinos, es verdoso, y con el paso del tiempo se vuelve verdusco”.

También allí, en Cotnari, vale la pena probar Tamaioasa o Francusa, ellas también viejas variedades autóctonas, mientras en los viñedos de Bucium y Copou se destaca otra variedad rumana, Feteasca Alba, con un aroma especial, muy noble. En el sur, cerca de Prut, se encuentra otro famoso viñedo, Husi, donde las estrellas se llaman Busuioaca de Bohotin y Zghihara, así como los viñedos de Nicoresti con su vino llamado Babeasca y Odobesti con su Galbena.

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La leyenda reza que el nombre de Babeasca (la Vieja) de Nicoresti, un vino muy apreciado especialmente por la gente joven –a diferencia de Feteasca Alba preferida por la gente de más edad- lo dio el vaivoda Esteban el Grande; estando enfermo el vaivoda recobró su salud bebiendo este tipo de vino tinto traído por uno de sus arqueros de… una vieja de Nicoresti.
Necesitaríamos mil y una noche al moro del fuego, con un barrilete de vino y una bolsa de nueces al lado para contar las leyendas que acompañaron a lo largo del tiempo todas las variedades rumanas de vino, bien se trate de Feteasca Neagra de Dealu Mare –vino con personalidad distinta-. o bien de Braghina y Cramprosia de Dragasani, de Cadarca de Minis o de Featasa Alba de Danesti. Los viñedos de Jidvei, Craciunel, Apoldu, Bagaciu o Lechinta se encuentran en localidades que encantan también por su pintoresco y sus bellas tradiciones populares que se festejan en compañía del vino.
El vino es el novio y la comida es la novia, y si los dos no forman un matrimonio bien avenido el divorcio es inevitable… Por ejemplo, la variedad Feteasca Neagra, fuerte como un caballo, difícil de contener, podrá ser domada sólo por el asado de pavo o por “sarmale”. Zghihara de Husi, vino de larga travesía, va muy bien con una carpa al horno, mientras Grasa de Cotnari o Tamaioasa Romaneasca de Pietroasele-Buzau puede clausurar solemnemente cualquier comida, su aroma inconfundible de nuez verde y vela encendida, de albaricoque y melocotón, permaneciendo como un bello recuerdo. Perfume de rosa tienen Busuioaca y Bohotin y Traminerul Rosa de Blaj-Craciunel, que pueden contribuir, ellos también, al fasto y al sabor de una importante comida. Los vinos acompañaron con fidelidad a las bodas y bautizos, las fiestas del año, las alegrías, los misterios y los recuerdos, así como las comidas de despedida de los desaparecidos. El lugar del vino no es sólo en una copa o en una vasija de barro, sino también entre las numerosas plantas curativas de la medicina popular, otro fascinante aspecto de la sabiduría rumana.